Comencé mi camino introspectivo desde muy joven, mucho antes de conocer siquiera la psicoterapia. De pequeña, los libros y el mundo de la literatura se convirtieron en un espacio seguro, a través del cual podía viajar a otros universos. A menudo prefería la fantasía a la realidad. Con el tiempo, me di cuenta de que las metáforas presentes en la ficción, sobre procesos psicológicos y vitales humanos, tienen un gran poder de transformación. Empecé a crear mis propias metáforas y descubrí que escribir era una catarsis diferente: al escribir lo que sentía, también se transformaba. Al escribir, yo me transformaba. Esto no es muy distinto de lo que se hace en terapia: hablar de lo que nos sucede también forma parte de lo que nos sana.
No recuerdo cuándo empecé a dibujar ni a pintar, pero cuando ya era más grande me di cuenta de que me permitían un tipo de expresión que era mucho más intuitiva e irracional. Sin darme cuenta, plasmaba en un papel o en un lienzo aquello que me pasaba. La fotografía, en cambio, la recuerdo como refugio al principio y, más adelante, también se convirtió en catarsis. Podía contar sin decir verbalmente, crear una metáfora interna a través de una imagen. Contar sin decir, decir de forma encubierta.
La terapia fue y sigue siendo necesaria en mi camino, pues sin ella no hubiera podido dar sentido a mis procesos internos. Me hubiera perdido en el caos de mi mundo emocional, incomprensible la mayoría de las veces. Por eso me apunté a la formación gestalt con tan solo 21 años. La terapia individual me ayudaba, pero sentía que, para mí, no era suficiente. Ni siquiera pensaba en ser terapeuta, fui allí a aprender, a comprender(me). Así que el oficio de psicoterapeuta ha sido algo que me ha llegado, que no escogí. Aprendí a acompañarme y me di cuenta de que podía acompañar a otras personas en el mismo camino que yo había transitado. Por eso me decidí a estudiar psicología cuando estaba a mitad de la formación gestalt, lo cual me alejó del mundo artístico, aunque seguía escribiendo poesía todas las noches. La universidad ha dado estructura a mi oficio y me reconectó con la adolescente que hacía el bachillerato científico y que disfrutaba pasando horas y horas estudiando química, matemáticas y biología.
Siento que no he llegado a ningún lugar y que el camino es infinito. Cada día soy más consciente de que lo importante no es tanto a dónde llegue, sino que el camino (la vida) haya valido la pena. A menudo me pregunto “¿tiene corazón este camino?” (es de un fragmento de Carlos Castaneda) para cuestionarme si realmente estoy donde quiero estar. Muchas personas, terapeutas, formadores/as y disciplinas me han ayudado y guiado en este proceso que es aprender a vivir.
Actualmente trabajo como psicoterapeuta individual, acompañando procesos de autoconocimiento incluyendo la expresión artística. Colaboro cómo terapeuta ayudante en la escuela Hephaisto de Arteterapia Gestalt. También soy impulsora de Enganxades, una propuesta que aborda la adicción y la desconexión en la era digital. Escribo, pinto y fotografío siempre que puedo.

Formación
Formada como Terapeuta Gestalt en la escuela Gestalt Barcelona y reconocida por la AETG (№ 5226). Graduada en Psicología por la Universitat Oberta de Catalunya. Formada en Psicoterapia Integrativa y del Eneagrama en el Programa SAT de Claudio Naranjo. Formada en Fotografía en la Escuela de Cine Nou Prodigi. Formada en Narrativa y Novela de la Escuela de Escritura del Ateneu Barcelonès. Formada en Improvisación Teatral en la escuela IMPRO BCN.

